
Lejos de basarse en
interpretaciones o conjeturas, el carácter popular y económico del
tabaco shag que se consumía en Gran Bretaña a fines
del siglo XIX tiene fundamentos explícitos apuntados en los propios
relatos del canon sherlockiano. No por nada el detective recibe como
cortesía dos "llenadas" de shag precisamente cuando
transita por Londres disfrazado de vagabundo (Escándalo en Bohemia),
ni tampoco resulta casual que él mismo se refiera a su picadura
favorita como "mi lamentable tabaco" (La piedra Mazarino),
por citar un par de ejemplos. Si acaso nos alejamos de la ficción
para sondear la evidencia histórica del mundo real, los indicios
resultan todavía más contundentes. De hecho, diferentes documentos
oficiales parecen acentuar ese perfil a medida que avanza la centuria
decimonovena. Veamos algunas citas textuales (1): el tabaco shag está
fabricado con el tipo de hoja más fuerte y peor (1839); en
Inglaterra la mayoría de los fumadores usa largas pipas de arcilla y
tabaco shag (1852); el tabaco shag es realmente una hoja de corte
pesado; el requisito principal es que sea de bajo precio (1880). Creo
que no son necesarias pruebas adicionales. Queda claro que,
tabaquísticamente hablando, las narraciones de Doyle se corresponden
muy bien con los usos y costumbres de su época.


No
obstante, existe un punto que debe ser tomado en consideración:
promediando los años 1890 la masiva producción de shag se dividía
entre muchos fabricantes. Una excelente compilación histórica de
marcas y manufacturas británicas (2) presenta nada menos que 98 ejemplares de shag comercializados por 22 establecimientos vigentes
en ese tiempo. Ello lleva a preguntarse si todos eran idénticos en
términos de calidad y precio, lo cual parece poco probable.
Entonces, ¿cómo era específicamente el que compraba y quemaba
profusamente nuestro héroe de Baker Street? Por lo pronto sabemos
que fuerte y barato, pero no mucho más. En ese orden de cosas, la
entrada anterior sirvió como introducción hacia nuestro "enigma"
del tabaco fumado por Sherlock Holmes. El espécimen degustado
mostraba analogías sensoriales compatibles con el perfil que
describen las crónicas del doctor Watson (sequedad al tacto,
fortaleza aromática, rusticidad de sabor), aunque su origen en los
despuntes de cigarros no parece encajar con los testimonios
pretéritos, ya que el shag de 1890 se elaboraba desde el
inicio como tabaco suelto.


En
esta segunda ocasión vamos a seguir intentando perforar el meollo
del asunto mediante un producto pensado íntegramente para fumar en
pipa: el tabaco Argento Dúo, compuesto por los tipos Virginia y
Criollo en partes iguales. Según su fabricante incluye cierto "toque
final de café", pero ello no se nota en absoluto (mejor así,
no queremos aromatizantes artificiales). Para reforzar su potencia
procedí a mezclarlo con tabaco seco que se adquiere directamente en
"pencas" que uno debe picar a modo casero. Las hojas en
cuestión también son de tabaco criollo producido en el norte
argentino, con sabor punzante y agreste. El corte final fue 70%
Argento Dúo y 30% picadura casera. ¿Resultados? Bastante buenos a mi
modo de ver: el tabaco de manufactura aporta cuerpo y notas de frutos
secos típicas del Virginia, mientras la picadura "artesanal"
genera ese nervio, esa fibra de rusticidad que exhibía el shag
holmesiano tal cual lo señala hasta el cansancio su estoico e
inseparable compañero de aventuras. Un humo vigoroso y austero
(aromas simples pero intensos, nada de dulzor) me acompañó hasta el final de la
fumada.

Hasta
ahora sólo probamos prototipos del hemisferio sur y de Sudamérica
en particular. En la tercera entrada de esta serie daremos un
formidable salto geográfico, cronológico y cualitativo hacia uno de
los últimos y genuinos tabacos ingleses para pipa que quedan en el
mundo, elaborado por una casa legendaria que aún utiliza maquinarias
y métodos bicentenarios. Todo sea por develar el misterio shag.
Notas:
(1)
Para conocer las fuentes, ver monografía.
(2)
Asequible en el sitio tobaccocollectibles.co.uk